¿Madurez o desvitalización?

Toda forma o sistema en este planeta se alimenta de formas o sistemas menores, o sea le quitan su energía, la cadena alimenticia es solo un pequeño ejemplo de cómo sistemas con estrategias más exitosas viven de la energía de sistemas con menos estrategias, en dicho ejemplo pareciera que la cadena alimenticia se corta en lo humano ¿será así? o alguien o algo se está alimentando de nuestra energía mientras estamos “vivitos y coleando”. La pregunta necesaria es, como hacemos en cada sistema/cuerpo, para dar nuestra energía, consumirnos en ese acto y prácticamente llegar al final de nuestras vidas totalmente desvitalizados. Que hace que, cada uno de nuestros sistemas no perciba que vamos quedándonos con muy poca energía para abordar una madurez con mayor vitalidad, pero la realidad es que llegado a cierta edad los pequeños sistemas que somos no puede disfrutar del buen pasar para lo cual cree, trabajó toda su vida.

Pero darnos cuenta que, envejecer no es madurar es de gran significación y no tenemos el ejercicio de trabajar sobre esto, presumimos que tener cierta cantidad de años te convierte automáticamente en una persona sabia, pero creo que estamos muy lejos de una realidad que está a la vista de todos, las personas mayores en general están tan preocupadas del mañana como cuando se casaron, o cuando construyeron sus casas o cuando tuvieron hijos, siempre pensando en el futuro en general, nunca un hoy, un ahora o la sola reflexión de que por ahí ni siquiera llegaremos a viejos. Que hace falta para pensar seriamente, como dejamos pasar la vida, por ideas y anhelos absurdos de un mundo mejor, solo por decir algo, sin responsabilizarnos que, vivir esta vida tiene algún significado profundo, y que ese significado es, en este mundo, que es en donde nacemos y, que no hay ni habrá otra vida, y que, por miles y miles de años más, no habrá otro mundo, que nuestra mirada es determinante para aceptar lo que es, esa realidad tangible, amigable, potentemente amorosa y también poderosamente destructiva, pero que todo eso está mucho más allá de nuestras humildes comprensiones.

Hay una manera de estar que tiene que ver con abandonar ideas previas, con dejar de hacer lo que nos dicen, con dejar de preguntar qué es lo que tenemos que hacer, con dejar de creer que sabemos lo que tenemos que hacer, porque todo eso es sencillamente viejo, si pudiéramos dejar atrás todo eso, comenzaría un proceso de descubrir en cada cuerpo, en cada sistema viviente que encarnamos, que es lo que tenemos que hacer. Pero cuando comienza ese proceso algo se pone más complejo, mas difícil de significar, es cuando comenzamos a sentir una tremenda ambivalencia, y otra vez aparecen los interrogantes; está bien, está mal lo que estoy sintiendo, lo que estoy pensando, es que nadie me lo puede decir, tengo que seguir descubriendo, eso no para nunca, porque nada es definitivo, puedo descubrir una tremenda verdad, profunda, potente, pero si sigo la experiencia del descubrimiento eso no durara mucho porque aparecerán otras verdades, otros sentires más complejos aun que los anteriores, en un camino que comienza a ser infinito, precisamente porque no tiene límites, porque no se llega a ningún lado, porque ningún sentido profundo puede ser eterno, lo eterno es el constante descubrimiento de aquello que soy y que nada puede definirlo en forma permanente, solo pasajero, una forma pasajera en constante movimiento o transformación o sea la vida misma, tal y como se expresa en este bellísimo planeta.

Pero en nuestros sistemas de vidas, por todos aceptados, que son viejos por naturaleza, no pescamos o no queremos darnos cuenta de las enormes posibilidades creativas, vitales, que tiene cada uno de los organismos que somos, obedecemos o nos revelamos, que es lo mismo, para que nada cambie, porque no queremos cambiar, queremos que nos reconozcan, que nos quieran como somos y ¿Cómo somos? Eso ya está definido de antemano, creo que soy de una cierta manera, me dicen como soy y quiero confirmar que soy eso que me dicen, no tengo interés en averiguar que quizás no sea como dicen, como creo, o ni siquiera como quiero. Descubrir que soy un desconocido, aun para mí, me desubica, no entra en los acuerdos preestablecidos, me hace sentir fuera del sistema que necesita de mi energía para que todo siga igual, es decir dejarnos sin energía, el sistema “toma todo” y da, nada, porque el sistema de acuerdos en el que vivimos no tolera el cambio, necesita absorber la energía, la vida de los sistemas más pequeños porque así vive, en forma estable, aparentemente nos da algún tipo de garantías pero, ¿Cuales son realmente esas garantías? ¿Dónde están? ¿Están?

Animarnos a sentir un poco más allá de lo conocido, animarnos a pensar un poco más, en una forma compleja, animarnos a decir que, no sabemos que es la vida o que significa ser un hombre o una mujer, sin caer en respuestas conocidas, mecánicas, aprehendidas, es todo un desafío, pero es necesario para que aparezca una nueva conciencia, que no puede ser el resultado del trabajo de uno o unos pocos, sino la responsabilidad de muchos, de todos. Responsabilidad que cada uno debe asumir, hacerse cargo de la propia existencia, no tirar la pelota afuera de aquello que debe ser investigado por cada uno de los sistemas que somos. Si esto fuera posible, el nuevo mundo está al alcance de nuestras miradas, de nuestros corazones, con todo el desafío de aceptación que esto implica, aceptar lo desconocido, de la vida tal y como es, del amor como una experiencia concreta, del dolor y la muerte como un misterio, pero sin ideas a priori, sin definiciones duraderas, sin verdades eternas, sin convertir el descubrimiento en palabras vacías, repetitivas, muertas.-